Mi abuela vio a mi novia

Esta tarde mi abuela despertó lúcida, un poco más de lo normal, fue hacia el sillón y ahí estaba yo, el nieto más latoso que jamás haya cuidado.

Me tocó con sus manos frías y reclamó todas las horas que pasó trabajando, todos los días que no me ve, estaba tan lúcida que sabía que desde hace 5 días no nos veíamos.

No quise explicarle que tuve que pedir un aumento de sueldo porque el gediatra y la enfermera que la cuida son un gasto que no esperaba, por lo tanto dejé que me siguiera reprochando.

Después de contarme cómo había sido su semana, me dijo que le había gustado mi novia… la muchacha que vino ayer era muy sencilla, me gustó para que sea de la familia, yo creo que las personas deberían de ser como ella, dijo mientras sonreía.

Yo bebí un poco de agua porque su opinión me dejó la boca un tanto seca, me preguntó su nombre y dijo que aunque era de noche se veía muy bonita…  Yo creo que sí tienen hijos van a ser muy bonitos, chapeados y traviesos como tú jamás había visto una sonrisa tan auténtica. Las sonrisas de una cara llena de arrugas siempre te tocan el corazón.

Enseguida me dijo que se sentía cansada y tenía que ir a dormir, así que levantó ese cuerpo de 96 años y fue a dormir.

La acompañé a la distancia, siempre me ha causado ansias el verla tambalear al caminar.

Llegó a su cama y me pidió cerrar la puerta, en eso estaba cuando llegó la felicitación… Qué bueno que ya encontraste a una mujer, así, sencilla, así es como tienen que ser las personas… Nos hacemos grandes y siempre necesitamos quien nos dé café o nos caliente la mano…

Y ahí acabó la visita con mi abuela, hace meses fue diagnosticada con demencia, luego le detectaron un problema de tiroides lo que aumenta sus crisis, hoy le controlan ambos padecimientos.

Hasta hace algunas semanas no reconocía a nadie, hoy ya me dice por mi nombre aunque no sé si esté mejorando, porque yo ayer no estuve en mi casa, ni mucho menos le presenté a una novia.

Obviamente no le quité el gusto que le dio saber que ya había encontrado a alguien con quién calentar mis manos, el doctor dijo que la demencia la regresa  a vivir partes de su vida que la marcaron, también dijo el doc que puede sacar deseos reprimidos… Vayan ustedes a saber qué fue este lapsus, pero al menos mi abuela vio a mi novia.


Cuando iba en primero de primaria era el niño más travieso de todo el salón. Recuerdo que una tarde salí de la escuela y me esperaba “La Pacha” en las jardineras, vi que traía una bolsa de mandado y me molesté porque significaba que iríamos a comprar carne, para su taquería.

Los impulsos nunca los he podido controlar, sobre todos los que son referentes al enojo, así que al llegar con ella yo ya tenía cara de enojado y no le hablé.

Me quiso dar un beso y quité mi frente, yo quería ir a ver C bear y Jamal en el Canal 7 y ella me llevaría a dar una vuelta a un mercado que olía a humedad y verdura echada a perder. 

El enojo me duró todo el camino, estando a una cuadra de mi casa había unas protecciones de metal que estaban rotas, eran cuadradas, grandes y de metal, algunas de ellas estaban rotas y yo me pasé por enmedio de ellas para cortar camino, La pacha quiso alcanzarme y también se pasó por las rejas rotas, pero tropezó y cayó de rodillas, una de sus piernas sangraba y se quitaba el hilo de sangre con los dedos.

Yo estaba ahí con miedo, miraba su rodilla sangrando y la bolsa de la carne tirada a mitad de la Avenida Francisco del Paso y Troncoso. Los jitomates rodaron hasta la mitad de la avenida, fui hacia mi abuelita y quise levantarla, pero esa señora siempre ha sido un roble y se levantó sola, con 65 años sobre sus piernas, se levantó como si nada

Al llegar a la casa ya estaba por terminar Garfield, pero comenzaría Taz-Manía aunque mi mi atención estaba en la rodilla de La Pacha, pues seguía sangrando, recuerdo que puso merthiolate en su herida y no hizo gestos.

El Pacho, hijo de La Pacha, llegaría con Helen, Nuera de La Pacha, en un par de horas y la angustia de saber que habría regaño, castigo y por supuesto un correctivo físico me hacía ver la tele mecánicamente.

La Pacha preparó la comida como lo hizo durante muchos años. Me senté en la mesa y comí arroz rojo con un plátano encima, me dio más arroz pero esta vez venía acompañado de un huevo tierno, que no terminó de coserse, tal como me gustaba.

En tanto, llegó El Pacho a casa y puso su saco en la silla donde siempre se sentaba para comer, fue a la cocina a saludar a su mamá y salió en menos de 10 segundos amenazando con pegarme si yo había provocado que La Pacha se cayera, obvio que me comencé a alejar de su humanidad mientras mi abuela salía de la cocina diciendo que ella había tenido la culpa por caminar tan rápido. Carlo me ayudó a levantarme dijo y yo respondí, sí, estuvo fuerte.

Mamá y papá sabían que el encubrimiento estaba frente a sus ojos, pero no podían hacer nada porque mi abuelita no me entregaría como el criminal que era, al menos no esa tarde, así que con la tarde salvada una vez más pude seguir viendo Cuentos desde la cripta. 

Desde ese día acompañaba a La Pacha al mercado cada que lo necesitaba, siempre me he preguntado cómo le hacía para cargar 4 kilos de suadero, 3 kilos de jitomate, 4 kilos de tortilla en una mano y en la otra sujetaba a un niño flojo que en cada esquina se sentaba porque se cansaba de tanto caminar.

Un poco de contexto… 

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